Desde niños escuchamos el dicho: “El que no transa no avanza”, y se da por sentado que es parte de nuestra cultura. El sentido de transa que, a su vez, proviene de transacción, en este caso es el de convenir, transigir y engañar: Inducir a otro a creer y tener por cierto lo que no es.

En general, los padres descargan en los profesores la responsabilidad de la formación integral de los niños y jóvenes, que incluye valores, actitudes, destrezas, habilidades y conocimientos. En este artículo se presenta una guía de conducta en el aula para los alumnos y otra para los docentes, con el fin de que el lector identifique cómo se comparte esta responsabilidad entre los actores del proceso de enseñanza-aprendizaje y el entorno familiar. A pesar de que se refiere al entorno de las escuelas de negocios, los autores consideran que se puede aplicar a unidades académicas de otras disciplinas.

En su libro Can Ethics Be Taught? (¿Se puede enseñar la ética?), Thomas R. Piper y sus colaboradores destacan la posibilidad y conveniencia de que los profesores trabajen en la formación de los valores en sus alumnos, ya sea por medio de un curso obligatorio u optativo, o mediante la inclusión de temas específicos a lo largo del plan de estudios, o una mezcla de ambos.

Para efectos de certificar la calidad de la educación superior en las escuelas de negocios, la Association to Advance Collegiate Schools of Business (AASSB), organismo de cobertura mundial, recomienda que estas entidades académicas desarrollen “códigos institucionales de conducta” para precisar la importancia de que directivos, profesores y alumnos se comporten adecuadamente, no solo en las escuelas, sino en su vida personal.

La crisis mundial de la ética en los negocios alcanzó tanto a países desarrollados como a las naciones emergentes. Es evidente la importancia de la formación ética en las aulas y un esquema de medición y evaluación del desempeño de alumnos y docentes, que enseñe a ambos a aplicarlo en su vida profesional.

William Saucer (2005) hace un recuento de la ética en los negocios y refiere la necesidad de establecer en las organizaciones una sólida cultura al respecto, a partir de la adopción de un código de ética, seguido de las acciones de capacitación correspondiente; contratación y promoción de personal; sanciones a comportamientos fuera de ese código; adopción de estrategias proactivas; realización de una auditoría social; protección a los denunciantes y empoderamiento a todos los empleados para proteger la integridad de la organización.

Guía de conducta para alumnos

Los autores consideran que las instituciones educativas de la Región deben promover una cultura similar a la descrita por Saucer para contribuir a la formación ética de sus alumnos. Sandra Waddock (2005) resalta la necesidad de que las escuelas de negocios enseñen a sus alumnos las profundas conexiones entre las empresas, la sociedad, la naturaleza y el mundo para procurar que los líderes responsables, honestos y con sentido ético dirijan las organizaciones. Al efecto, la autora sugiere enseñar a los alumnos habilidades para desarrollar la honestidad y un pensamiento integral. Entre estas habilidades precisa la honestidad, responsabilidad, rendición de cuentas y transparencia, tanto individual como institucional.

Curtis C. Verschoor y Pamela A. Smith (2005) narran una experiencia con un compromiso de honor y un código de conducta con alumnos de Contaduría del Colegio de Negocios de la Universidad del Norte de Illinois y destacan que:

“…estudios académicos han demostrado que los estudiantes universitarios que actúan con un compromiso ético y un efectivo código de honor exhiben durante su vida laboral un comportamiento ético más elevado que el de quienes no estuvieron expuestos a códigos de honor durante sus [estudios] de Contabilidad.” (p. 25). 

Guía de conducta para profesores


La APCAM fundada en 2000 por un grupo de académicos representantes de más de cien instituciones de educación superior con la misión de “Promover la excelencia en la docencia e investigación en Contaduría y administración, para mejorar el proceso de enseñanza-aprendizaje” y “Promover la superación de los docentes e investigadores…” integrada por líderes comprometidos con los más altos valores éticos y morales, adoptaron desde 2003 el “Código de Ética Académica” (ver cuadro 3) adaptado del Código de la Asociación Internacional para la Educación e Investigación en Contaduría (IAEER, por sus siglas en inglés). Se presenta únicamente la sección correspondiente a docencia.

Conclusión

Es importante que las instituciones de educación superior contribuyan a la formación ética de sus estudiantes no sólo mediante diversos cursos ad hoc, temas específicos en diferentes asignaturas de manera transversal e, inclusive, nuevas materias en el plan de estudios, sino por medio de la promoción de una cultura organizacional que asuma valores como la responsabilidad, el respeto y la honestidad, con el fin de que todos sus miembros académicos, directivos y administrativos, la apliquen en la práctica diaria.

El reto es tener un sistema eficaz y eficiente para medir el desempeño de los alumnos y docentes ante ese marco normativo, cuyos resultados retroalimenten a ambos para modificar conductas y convencerlos de sus beneficios, y se conviertan en espejos hacia la familia y la sociedad y se recuperen esos valores.

Mientras tanto, el uso de guías de conducta en el aula apoyarán a los padres de familia y profesores en la formación de valores en los estudiantes y contribuirá para asegurarnos de que: “quien transe no avance.”

C.P.C. Salvador Ruiz de Chávez
Director de Capacitación Institucional
Auditoría Superior de la Federación

C.P.C. Alejandro Frank Díaz
Socio Director del Despacho A. Frank y Asociados, S.C.

Fuente: Revista Contaduría Pública www.contaduriapublica.org.mx del Instituto Mexicano de Contadores Públicos www.imcp.org.mx

 

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