Por: Guillermo Casal. Colaborador de Auditool

Cuando comencé mis estudios universitarios, en el (ya lejano año de) 1975, cobré rápida conciencia de que, en materia de capacitación, adquirir conocimientos y superar evaluaciones son conceptos relacionados pero no determinantes. ¿En qué sentido? Porque había (y seguramente sigue habiendo) estudiantes que adquieren un vasto caudal de conocimientos y se amedrentan a la hora de plasmarlos en una hoja de examen o exponerlos frente a un docente o mesa examinadora.

Inversamente, hay quienes, con mucho menor dominio de los temas, logran responder las preguntas que se les formulan y desarrollar los ejercicios requeridos de manera satisfactoria.

HAY UNA TÉCNICA PARA PRESENTAR EXÁMENES. ¿En qué consiste?

  • Resiliencia, capacidad de resistir la presión, mantener la concentración y el foco.
  • Adecuada administración del tiempo de examen y de estudio. En algunos casos, cuyo detalle excedería las posibilidades de este artículo, noté que, en las asignaturas contables, registrar operaciones como lo explicaban los docentes hacía imposible completar los ejercicios en el breve tiempo asignado a los exámenes. De modo que había que buscar métodos más ágiles pero al mismo tiempo ajustados a las normas aplicables.
  • Importancia al tiempo que se le dedica al estudio. No se obtiene el mismo resultado estudiando ocho horas seguidas, que dos horas durante cuatro días seguidos (por ley de rendimientos decrecientes). Además, el aprendizaje requiere un tiempo de asimilación, que se consigue DESPUÉS de estudiar.

Por último, se debe intentar llegar al momento del examen en plenitud de conocimientos. Hacerlo prematuramente conduce al fracaso, pero luego de aprendidos los contenidos y pasado cierto tiempo, comienza el proceso de olvido. Tampoco hay que llegar a ese punto.

  • Curiosamente, la técnica consiste en lo que después aprendí que tiene por nombre ASEGURAMIENTO. Estudiar y presentarse a un examen “a suerte y verdad” no es la mejor técnica. Es mucho mejor auto examinarse periódicamente para saber qué es lo que se ha asimilado y qué es lo que se debe repasar antes de presentarse a rendir examen.

Los exámenes de certificación

Pasaron doce años entre mi graduación como contador público (1980) y mi primer examen de certificación, el CISA – Certified Information Systems Auditor, Auditor de Sistemas de Información Certificado, en 1992. Esta certificación la administra ISACA, la Asociación de Auditores y Especialistas en Control de los Sistemas de Información.

Ulteriormente, rendí y aprobé los exámenes CIA, auditor interno certificado, CCSA, especialista en autoevaluación de riesgos, CFSA, especialista en auditoría de entidades financieras y CGAP, auditor interno gubernamental. Todas estas certificaciones las maneja el IIA, Instituto de Auditores Internos Global.

¿Qué extraje como conclusión? ¿Son los exámenes universitarios comparables a los de certificación? No del todo. Los principios generales antes expuestos siguen siendo válidos, pero existen importantes matices.

En cierto sentido, si todos los exámenes fueran deportes, los de certificación serían deportes de alta puntuación, como el básquetbol. Vale decir: en un examen universitario se trata de unas pocas preguntas teóricas y algunos ejercicios, en los cuales los docentes evalúan no solamente el resultado final, sino también el proceso seguido para llegar a la respuesta. En cambio, en los exámenes de certificación se dispone de muy poco tiempo para muchas preguntas y se debe escoger una respuesta entre, generalmente, cuatro opciones. En este sentido, si quien está presentando el examen llegó a la respuesta correcta mediante un razonamiento incorrecto, obtuvo ese punto.

Si, por el contrario, escogió una respuesta incorrecta por un razonamiento lógico, no obtuvo punto. No hay respuestas mejores y peores, solo correctas e incorrectas. Esto hace que la mecánica de estudio y de examen en los exámenes de certificación sea diferente.

¿Cómo se estudia para un examen de certificación?

La primera acción, totalmente contraintuitiva y antipática, es practicar con un examen ANTES de estudiar ABSOLUTAMENTE NADA. Esto para dimensionar la brecha entre lo que Ud. sabe y lo que debería saber para aprobar desde el inicio.

Periódicamente, se repite este test, para establecer una recta (o curva) de aprendizaje, que permita predecir el momento en el que tendrá los conocimientos necesarios.

Por ejemplo: veamos el caso siguiente, asumiendo que el puntaje necesario para pasar satisfactoriamente el examen son 75 puntos:

Momento

% de respuestas correctas

0

25

30 días

45

60 días

60

90 días

70

 

En este caso, se observa que el aprendizaje es declinante y sería esperable que el candidato estuviera a los 120 días en un puntaje exacto de 75 puntos, lo cual no daría garantías porque en el examen real podría obtener una evaluación ligeramente menor y no pasar. Sería mejor obtener una evaluación de 80 puntos y recién en ese momento inscribirse para el mes siguiente, para tener un margen de seguridad más razonable.

Administración del tiempo

Existen textos de estudio para apoyar en las certificaciones, pero no es práctico leerlos íntegramente porque el candidato leerá temas que ya domina y perderá mucho tiempo.

En lugar de ello, debe enfocarse en la lectura de temas que desconoce (y que sabe que desconoce, porque sistemáticamente ha respondido mal, incluso reejercitando las preguntas) y hacerse las siguientes preguntas:

  • ¿Cuántas preguntas debo ejercitar para mejorar la evaluación en un punto?
  • ¿Cuántas páginas debo leer para mejorar la evaluación en un punto?
  • ¿Cuánto tiempo me lleva leer cada pregunta que respondí erróneamente hasta entender el concepto y corregirlo?
  • ¿Cuánto tiempo me lleva leer una página?

Con base en las respuestas, estime la carga de tiempo necesaria para el estudio y administre su tiempo.

La administración del tiempo durante el examen

Si Ud. tiene, por ejemplo, tres horas para responder 120 preguntas, debe asignar minuto y medio, en promedio, para cada una de ellas. No se quede atrapado cinco minutos con cada pregunta, porque ese es el rumbo directo al fracaso. Más bien, priorice las preguntas que cree poder responder inmediatamente de forma correcta. Así verá cuánto tiempo le queda para las difíciles.

Finalmente, no olvide el valor de las corazonadas: es mucho más frecuente de lo que creemos saber algo sin poder decir exactamente cómo lo sabemos. Son numerosos los casos en los cuales se pueden descartar inmediatamente dos de las opciones y no hay motivo lógico para optar entre las otras dos. En tal caso, simplemente elija la que más le parece correcta, aunque no sepa el por qué. A eso le llamamos “intuición”, pero la mayoría de las veces es un conocimiento que reside en el inconsciente. Así es como los seres humanos identificamos el peligro, la animadversión, la simpatía y la atracción. Eso también es conocimiento, aunque no lo podamos racionalizar.

CONCLUSIONES

  • Pasar un examen no es, al menos en lo esencial, cuestión de buena o mala fortuna. Es cuestión de haber adquirido los conocimientos y saberlos demostrar.
  • Haber adquirido el dominio de estas técnicas a nivel universitario es una buena base, pero no basta para afrontar exitosamente los exámenes de certificación. Ha sido el propósito de este artículo darle a conocer qué debe esperar si desea afrontar ese desafío.

Autor: Guillermo Casal - Argentina

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Contador público y master en Economía y Administración de Empresas en Argentina. Con más de 35 años actuando en todas las especialidades de auditoría. Auditor interno, externo, informático y forense. Obtuvo todas las certificaciones del IIA (CIA,CCSA, CFSA, CGAP, CRMA). También la CFE (Examinador de Fraudes) y la CISA (auditor informático). Dedicado hace 15 años a la consultoría y capacitación. Fue colaborador de Luis Moreno Ocampo, exfiscal penal de la Corte Internacional de la Haya, y Stephen Walker, exagente especial del FBI.

 

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